La nariz le sangraba de envidia. Podía ver todo lo que ocurría a su alrededor, pero no podía hacer nada, no era capaz de moverse.
Cerraba los ojos y sentía que el mundo se partía en dos, incluso que se paraba completamente. Se sentía fuera de órbita, solitario, fuera de rumbo, sin poder precisar una simple emoción.
Consiguió mover un pie, ¡qué osadía! No se lo podía creer, por fin ya podía abrirse a un nuevo mundo, los astros parecían estar de su parte.
Parece que vendió la piel del oso antes de cazarla, solo se podía permitir mover ese pie,
solo ese maldito pie...
No hay comentarios:
Publicar un comentario