Siempre quiso soltar la cáscara. Emplumado, y sobre cuero, teñia sobre el viento una alfombra de pensamientos, mientras, parado y dubitativo, buscaba una forma de hilar toda la maraña que le llegaba desde todos sus sentidos.
Los sentidos se hallaban alborotados, el gusto le pedia jarabe de litrona, el tacto el roce de otra piel, la vista, unas curvas perfectas,el olfato un dulce aroma a jazmin y el oído....el oído solo pedia que todos los demás se callasen.
Finalmente, intrépido y audaz, dio con la tecla, y todo se deshizo, claro, blanquecino, se había vuelto esotérico. Sus cavilaciones se marchitaron, y se fue directo, a seguir con lo tramado, mientras mantenía una rutina que le ahogaba...
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